Era de la Creacion

La Madre y Los Nueve Hijos

En el principio de la existencia, cuando el tiempo aún no era tiempo, existía un ente, El Todo, ello era todas las cosas y ninguna al mismo tiempo. Fué entonces cuando surgió el cambio y El Todo se fracturó en dos partes creando la dualidad la primera de estas mitades de autodenominó La Madre mientras que la segunda se continuó dividendo en nueve partes iguales que se autodenominaron Los Hijos.

two stars in the middle of a black sky
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Con el paso de los eones Los Hijos comenzaron a experimentar una sensación de vacío, al no encontrar sentido o fin a su existencia. Así es que se reunieron frente a La Madre para expresarle su preocupación, y ésta movida por la compasión maternal esta decidió transmutarse en la propia existencia, a cambio de que cada uno de ellos pusiese parte de su ser en esta como presente engendrando así nuevos hijos.

Tras la reencarnación de La Madre comenzaron a dar forma a este mundo, donde cada uno de ellos depositaría su regalo.

  • El primero de Los Hijos tras meditarlo detenidamente engendró a los primigenios, los seres que poblarían este mundo y les dio la vida y un cuerpo físico para contenerla.

  • El segundo de Los Hijos engendró el conocimiento y se lo entregó a los primigenios dotándolos de una mente.

  • El tercero de Los Hijos engendró la tierra, dotando al mundo de superficie, con sus montañas, valles, y desiertos, y a los primigenios de su hogar en el mundo.

  • El cuarto de Los Hijos engendró el aire, llenando con él el mundo y otorgando a los primigenios la necesidad vital de respirarlo.

  • El quinto de Los Hijos engendró la naturaleza, creando los animales y la vegetación, en toda su diversidad, para que los primigenios nunca se sintiesen solos y otorgándoles algo a lo que temer y respetar.

  • El sexto de Los Hijos engendró el fuego, otorgando a los primigenios un arma para ahuyentar los peligros, y también la tentación del caos.

  • El séptimo de Los Hijos engendró el agua, separando la tierra en dos mitades y la convirtió en una necesidad para los primigenios y una defensa contra el fuego. También les otorgó el equilibrio para no ceder al caos.

  • El octavo de Los Hijos engendró la electricidad, un elemento mas temible que el fuego, impredecible y capaz de atravesar el agua, otorgando los rayos para que los primigenios temiesen a un enemigo contra el que no pudiesen luchar.

  • El noveno de Los Hijos engendró la muerte, haciendo a los primigenios débiles ante las enfermedades, las heridas y el paso del tiempo, dotándolos de mortalidad y conciencia del valor de sus vidas.


Y así fue como nació Ehak, y como todas las cosas comenzaron a existir. Siendo, tras la transfiguración de La Madre, los Nueve Hijos quienes con gran sabiduría dirigieron el sino de la existencia. Durante mucho tiempo contemplaron en silencio sin apenas intervención, hasta que finalmente decidieron mostrarse ante los primigenios.

El destino de los primigenios

Tras la creación del mundo, los primigenios, seres de gran poder e inigualable sabiduría entre todas las criaturas, habitaban Ehak rindiendo culto a La Madre y Los Nueve Hijos, a los que denominaron bajo el nombre de Deidades. Durante eras formaron una civilización de seres justos, cultos y respetuosos, inventando innumerables ciencias y artefactos, muchos de los cuales jamás se volverían a repetir en la historia del mundo. Desde la creación del lenguaje escrito estos comenzaron a plasmar y transmitir su conocimiento que fue almacenado en una gran biblioteca lo que les permitió grandes avances y colmó la inquietud de su progenie a medida que poblaban el mundo y lo transformaban.

Tal llegó a ser su conocimiento sobre los misterios de la creación que lograron desentrañar incluso modos de reclamar el poder sobre los regalos otorgados por Los Nueve Hijos, y con esta disciplina a la que llamaron magia comenzaron a moldear el mundo a capricho, olvidando paulatinamente a sus progenitores. Esto enfureció a las Deidades, que si bien apreciaban a los primigenios no consintieron tal acto de prepotencia y decidieron castigarles. Estas entregaron a los primigenios varias reliquias imbuidas de poder mágico como tesoros a proteger.

Debido al orgullo y el celo de los primigenios estas reliquias terminaron por enfrentarlos entre si, causando la primera gran guerra de la historia, durante la cual se perdió la gran biblioteca y sucedieron los primeros crímenes de sangre.


Después de años de atrocidades y horrorizados por los actos realizados por los primigenios Los Nueve Hijos detuvieron la guerra, y con el fin de evitar que estos sucedieran de nuevo escondieron del mundo las reliquias, y separaron a los primigenios en función de su papel en esta. Aquellos que lucharon por el orden y la equidad fueron enviados a los bosques con el fin de velar por el equilibrio de Ehak, inmortales guardianes encomendados a una sagrada tarea cuyo fin y objetivo sería olvidado en la niebla del tiempo. Menos afortunados fueron aquellos cuya avaricia llevó a acumular las reliquias, reservando su poder únicamente para ellos, ya que fueron enviados al corazón de las montañas donde enfrentarían la oscuridad trabajando con diligencia para algún día recuperar el favor de las Deidades. El mayor castigo fue reservado a quienes actuaron con deshonor y cobardía, siendo desterrados de toda patria, sus facciones tornadas un espejo de su corrupción, sus cuerpos debilitados y frágiles como su voluntad, condenados a vagar el continente y sobreviviendo a duras penas. Sin embargo aquellos que evitaron tomar parte en la guerra, pues no deseaban el poder de las reliquias o manchar sus manos con la sangre de sus hermanos, fueron lanzados al mar, donde ajenos para siempre a los eventos del continente habitarían y protegerían sus aguas.


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